9.11.09

amor mojado, amor.


Sentados en el banco de una plaza desierta, ven pasar las horas tomados de la mano, hablando de todo un poco. De a poco, una lluvia creciente comienza a bailar en la ciudad; gota tras gota, él nota que el pecho de su acompañante comienza a quedar en evidencia, esa re
mera blanca empezaba a desaparecer y con ello sus pezones a aparecer, esa cintura curva y pequeña acompañada de ese busto imponente daban mil ideas a su joven fantasía. Sin pensarlo ni preguntarlo, toma una punta de esa remera invisible y lentamente, con una pícara sonrisa asomando, la desprende de ese cuerpo fina y perfectamente proporcionado. Ella, perdida en su mirada, alza los brazos y termina por sacarla, arrima su cuerpo al de su adorador, con un beso suave desata la batalla amorosa. La lluvia había ya aumentado su caudal, las migajas de agua parecían piedras golpeando sus cuerpos. Ni el dolor que ésto causaba a sus anatomías, ni la vil idea de pensar que alguien podría estar mirándolos los detendría. Sus piernas entrelazadas, y sus miradas perdidas en sólo ellos saben dónde, parecían fundirse.
Quien los viera instantáneamente notaría el éxtasis que provocaba en ella oír la respiración acelerada de quien la poseía. Traviesa sonrisa se dibuja y desdibuja en su
rostro empapado en el sudor que desataba el rose de sus cuerpos y en lágrimas de esa tempestad que los acogía. Quien los viera... quien los viera sentiría vivirlo. Quien lo viviera... quien lo viviera podría relatarlo con tanta exactitud

0 comentarios: