18.10.09
Miramos una y otra vez esas viejas cartas, esos boletos de tren, los dibujos de palitos que hacíamos y mamá adoraba, las fotos de los cumpleaños, primer año, segundo años, séptimo año, siempre mezcladas, esos papeles de caramelos que no sabemos ni por qué están ahí, y quizás sea sólo sin querer, se calló ahí por equivocación, pero ¿Quién es capaz de contradecirnos al pensar que fue el primer regalo del chico que nos rompía la cabeza en la primaria? ¡Cómo olvidarlo! si nos pasabamos horas mirándolo mientras él hablaba con sus amigos, si su nombre estaba en cada margen de nuestro cuaderno, y cada vez que una amiga se acercaba con un papel con un bizarro método de origami que nos diría nuestro futuro, elegíamos su nombre, entre tantos otros de la tele, que nuestra inocencia no quitaba de nuestro alcance. O como olvidar esos llamados infinitos, repletos de silencio que aun presentes impedían que cortés. Esas noches creyendo ser la persona más infeliz, llorando a más no poder, porque algo no pudiste hacer. Escaparte de la ducha, creyendote ídola. Correr a las palomas en el medio de la plaza sin miedo a que dirán. Esas noches interminables mirando la repetición de tu serie o dibujo favorito de la tarde. Difícil sería olvidar, también, las meriendas en lo de tu mejor amiga, hablando de chicos, de lo mal que se vestía aquella y de todo lo que queríamos ser de grandes. Y ahora, que ya somos lo tan grandes que queríamos ser ¿ Somos todo lo que pensábamos? ¿ Es todo tan loco, tan divertido , tan radical como lo esperábamos? ¿Sigue sin importarnos el que dirán? ¿Segura? ¿ No te parece que todo éso que hacés es sólo un intenso grito para llamar la atención? ¿ Creés que creciste tanto como para no querer llamar la atención del chico que te da vuelta la cabeza? ¿ Tus ojas, cuadernos, mesa, mente, celular no dicen su nombre ni tienen frases incondicionalmente para él? ¿ Que tanto cambiaste desde que soñabas ser el intento de lo que sos?
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

0 comentarios:
Publicar un comentario